Kinesiología: Vínculos que ayudan a sanar

Por Milagros Di Santo

Un camino de plátanos dorados conduce al Centro de Rehabilitación Kinesiológica del Hospital Austral. Apartado del imponente edificio que alberga al hospital y ubicado hace poco más de un año en el campo deportivo Quantum, muy diferente es el del centro de rehabilitación, que en su primer piso contiene un gimnasio y reserva el área de arriba para los tratamientos médicos kinesiológicos.

Camino de plátanos que conduce a Quantum. Foto: Milagros Di Santo
Camino de plátanos que conduce a Quantum.
Foto: Milagros Di Santo

Pisos de madera, paredes de vidrio. Es probable que por esos ventanales suela entrar mucha luz, pero ese martes no sucedía. Eran cerca de las tres y media de la tarde pero parecía de noche. Desde temprano en la mañana el cielo estaba completamente cerrado y  la lluvia no daba respiro, y eso se notaba en las canchas de Quantum invadidas por enormes charcos de agua, que eran posible ver desde aquel segundo piso. 

Puertas adentro, unas diez personas se encontraban ejercitando o recibiendo algún tratamiento, ya sea magneto terapia, rayos láser, electro-estimuladores, entre otros métodos tecnológicos. Mitad de ellas hombres, mitad mujeres. La mayoría de más de 40 años. Sentada en una silla estaba Laura, una maestra de alrededor de unos 50 años, quejosa trataba de flexionar su pie izquierdo como parte final de su sesión de kinesiología. “La rehabilitación me está matando”, decía por la molestia que le generaban los ejercicios.  Hace dos meses tuvo un accidente vial que le produjo una grave lesión en la rodilla. Como consecuencia, no puede caminar y se moviliza en silla de ruedas. A su derecha se encontraba una amiga haciéndole compañía, quien la había llevado hasta ahí, ya que de otra forma no podría haber llegado al centro

Los pacientes recibiendo magneto terapia. Foto: Milagros Di Santo
Los pacientes recibiendo magneto terapia. Foto: Milagros Di Santo

de rehabilitación. “No puedo salir a ningún lado, no puedo ir al trabajo ni a lo de mi amiga, por eso ella viene acá”, contaba demostrando como sus allegados se adaptan a sus imposibilidades.

En una esquina del centro, un grupo de hombres prestaba atención a un partido de fútbol europeo que se transmitía en la televisión que pendía de una pared. No muy lejos de esa escena estaba Dolores, también maestra, que mientras charlaba con aquellos a su alrededor, con su mano bajo un cilindro blanco, recibía magneto terapia, un estimulador celular que ayuda a desinflamar. Con 56 años tuvo un accidente, un poco cómico y mucho menos grave que el de Laura, pero con consecuencias igual de fastidiosas. “Me quebré el dedo anular paseando el perro”, contaba asomando una sonrisa. Sufrió un accidente simple, que aun así cambió por completo su vida cotidiana. “Es un bajón porque es la mano derecha. No la puedo doblar, no puedo hacer fuerza”, contaba. Como respuesta a su situación aprendió a desarrollar habilidades con la mano izquierda y, asombrada, explicaba

Aplicación de rayos láser por la Doctora Zapa. Foto: Milagros Di Santo
Aplicación de rayos láser por la Doctora Zapa.
Foto: Milagros Di Santo

que no podía creer de lo que ahora es capaz de hacer con ella. Similar era la actitud que adoptó Nahuel, de 24 años, que se encontraba cerca y que se torció el brazo derecho trabajando, en el cual ya sufría de artritis. “Al principio tomaba Diclofenac o ibuprofeno y ahora ya no, ya me acostumbré. Ya sé cómo poner el hombro para que no me duela”, explicaba, “inteligentemente” agregaba la Doctora Zapa, mientras le aplicaba rayos láser, un método analgésico y antiinflamatorio.

Más allá de las quejas y el dolor, el clima en el centro era motivador. Se debe, en gran parte, a la confianza que se genera entre los pacientes al pasar tanto tiempo allí dentro (algunos van todos los días y sus tratamientos duran seis meses), se escuchan bromas, se hablan cuestiones íntimas, se ve compañerismo, quién sabe, quizás hasta sucede que surgen amistades. Sin importar la gravedad de lo que sufrieron los diferentes pacientes, y la molestia que aquello les produce, todos colaboran en llenar ese pequeño ambiente cargado de buenas energías con un fuerte espíritu de superación y resiliencia.

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